3 pasos para sobrevivir a un buffet o una fiesta de niños

Lupita, la semana pasada estuve de vacaciones con mi hija. Nos hospedamos en un hotel que tenía buffet y lo primero que se veía al entrar al restaurante eran los postres. Mi hija de 2 años estaba emocionadísima. Intenté seguir tus consejos de dejarla elegir, pero los primeros 3 días lo único que comió fueron postres. Al cuarto día estaba yo tan estresada que ya no la dejé comer más. ¿Qué pasó aquí? ¿No que los niños se auto-regulan solitos? ¿Qué pude haber hecho diferente?

Atte: mamá atemorizada por el buffet de postres

Querida Mamá Atemorizada por el buffet de postres:

Gracias por escribirme. Me encanta tu pregunta porque significa que ya estás poniendo en práctica la División de Responsabilidad de Ellyn Satter. Claro que se oye sencillo, pero al empezar a hacerlo surgen muchas dudas.

Antes de contestar tu pregunta, te pido que abras tu perspectiva para considerar los muchos años que le faltan a tu niña antes de convertirse en un adulto. Las mamás nos fijamos mucho en lo que ocurre el día de hoy, en esta comida, lo que se comió de este plato… pero se nos olvida mirar a largo plazo. Es normal, es lo que nos permite estar atentas y cuidar bien de nuestros hijos.

Pero el trabajo que hacemos como mamás requiere que también notemos lo que ocurre en un lapso de tiempo más grande. Los hábitos se forman despacio, con pequeñas acciones repetidas muchas veces en el tiempo. Y los hábitos tienen un gran componente emocional.

No les estamos “enseñando” a comer verduras, les estamos enseñando a DISFRUTAR la comida, a disfrutar el momento, a reconocer lo que les gusta y lo que no, a experimentar con sabores, texturas, olores; les estamos enseñando a sentir en su cuerpo lo que se siente bien y lo que no. Para que cuando sean más grandes, puedan elegir con sabiduría lo que su cuerpo necesita, tomando en cuenta cuánta hambre tienen, qué se les antoja, qué hay disponible y cómo se sienten. Es mucho más complejo que comer verduras.

Antes de los 2 años los niños comen sólo cuando su cuerpo se los pide, y comen la cantidad que necesitan para estar satisfechos. Esto empieza a cambiar entre los 3 y los 5 años, cuando los niños dejan de poner tanta atención a las necesidades de su cuerpo y empiezan a comer por otras razones: por antojo, por aburrimiento, por ansiedad, por complacer a los papás, por copiarle a otro niño, porque algo sabe rico… muchas razones que no tienen nada que ver con hambre.

A largo plazo, en un niño lo más importante no es QUÉ ha comido sino CÓMO se lo ha comido.

¿Qué significa esto? Que no importa tanto si come verduras o no, si come frutas o no, si se termina su carne o no, si le encanta el puré de papa, los gansitos o el helado de chocolate. El QUÉ no me preocupa. Nuestro cuerpo está diseñado para comer lo necesario para crecer y llegar a la edad adulta. Comiendo mucho o poco, variado o no variado, un niño terminará por crecer y convertirse en un adulto. Con fruta o sin fruta (si no, los niños de Alaska no crecerían nunca, créeme).

En esta época en que tenemos una enorme variedad de alimentos para elegir, y cada vez más opciones industrializadas, nuestro verdadero reto ya no es “que coma suficiente”. Ya no vivimos en una época de carestía de alimentos.

El reto es que nuestras(os) niñas(os) crezcan sabiendo elegir.

¿Y cómo se aprende esto? Para poder elegir libremente QUÉ quiero comer y CUÁNTO de eso quiero comer, debe haber 2 cosas:

  1. Libertad para decidir el QUÉ

Esta es la más difícil para nosotros los papás. Para que un niño pueda elegir libremente qué comer, debe saber que todo está permitido. En el mundo de los postres, muchas familias hacen trampa y limitan este grupo de alimentos en nombre de una “alimentación saludable”. No compran postres, los intercambian por fruta o barritas, sólo los permiten a veces, los esconden, los dan como premio, nunca antes de comer, etc.

Si quieres que tu hija pueda decidir libremente si quiere postre o no, debe saber que puede comer postre siempre que ella quiera. Sólo cuando el postre se convierte en algo tan normal como el queso o las tortillas es que podemos elegir libremente.

Si para ella el postre solo se come en ocasiones especiales, cada vez que vea uno va a tratar de comérselo. Aquí ya no está decidiendo libremente ni escuchando a su cuerpo. Aquí ya está comiendo con ansiedad, por un deseo emocional más que físico. Y esta manera de relacionarse con la comida se va volviendo cada vez más complicada.

Ojo:  Tus acciones dicen mucho más que tus palabras. No es necesario que tú “digas” que están prohibidos para que ella capte el mensaje. 

  • Si ella elige algo dulce de comer y tú estás tensa y recordándole que mejor se coma el pollo, el mensaje llegó.
  • Si pasan por una tiendita y en lugar de comprarle lo que ella quiere mejor le compras una opción “más saludable”, el mensaje llegó.
  • Si llegan de una fiesta y le desapareces sus dulces, el mensaje llegó.
  • Si tú escondes o te comes a escondidas algo, el mensaje llegó.
  • Si das postre a cambio de que se coma otra cosa, el mensaje llegó.

Empieza practicando en casa con cosas sencillas, y esto la preparará para situaciones más difíciles como un buffet. Elige una o dos cosas de postre que le gusten mucho y ten siempre en casa. A la hora de la comida, pon toda la comida en la mesa para que ella se pueda servir, incluido el postre. Si se quiere servir primero eso, o si solo quiere comer eso, está bien. Ten paciencia y recuerda que estamos desarrollando habilidades para toda la vida. No le va a pasar nada si una semana se dedica a comer galletas. De verdad no le pasa nada. Tú continúa tranquilamente ofreciendo todas las opciones de comer, y no la critiques si sólo come eso.

En mi casa casi siempre hay helado en el congelador. Y galletas, madalenas, papitas o palomitas en la despensa. La Burbuja algunas veces se come dos galletas en la cena, o me roba un poco de helado de mi plato. Ok, no le gustan mucho las cosas dulces, pero sí le fascinan las palomitas. ¿Sabes cuántas veces come palomitas? Una o dos veces al mes. Ya pasamos la semana de “sólo palomitas” y ahora sabe que el día que quiera, habrá. Ya no necesita atascarse cuando las ve.

Para que nuestra estrategia funcione, no se trata sólo de darle todo lo que quiera comer y ya. Hay que enseñarle también a que decida cuánto va a comer.

  1. Saber cuánta hambre tengo para elegir CUÁNTO

Antes de comer, a la mitad de la comida y al final pídele que revise su pancita a ver cuánta hambre tiene. Esta es la segunda parte que nos ayudará con la cantidad de comida. Si tu niña es pequeña, le será muy fácil identificar cuánta hambre tiene. Lo importante es que nunca pierda esta conexión con su cuerpo, y que se acostumbre a revisar siempre cuánta hambre tiene antes de servirse.

Ayúdale a que se sirva en su plato la cantidad de comida que cree que se puede comer. Esto requiere práctica, así que no te desesperes. Al principio enséñale a que se sirva poco, y si aún tiene hambre, se puede volver a servir todo lo que quiera. Queremos que aprenda a servirse sólo lo que se va a comer.  Todavía no sabe de qué tamaño es su estómago, así que al principio se servirá mucho (porque tiene mucha hambre) y poco a poco irá notando qué cantidad es suficiente.

Esto se parece un poco a lo que nuestros papás hacían de terminarnos la comida del plato. Pero tiene una diferencia crucial: aquí no estamos obligando a que se termine nada que no quiera, sino enseñarle que lo que se sirve en su plato, si no se lo termina, se desperdicia. No es para que se sienta culpable sino para que vaya adquiriendo responsabilidad.

Poco a poco, con mucha paciencia, ofrecemos variedad en la comida, les ayudamos a recordar cuánta hambre tienen, y dejamos que ellos se sirvan. Al final, les pedimos que recojan su plato y mencionamos que lo que no se terminaron se irá a la basura.

Tip: Si tu niña está de acuerdo, puedes guardar lo que no se comió y ofrecerlo en la cena. Muchas veces la Burbuja me pide que se lo guarde, y sólo se lo cambio de plato y le pongo alguna otra cosa para acompañar. Aunque sea lo mismo, si se ve bonito se les antojará más.

 

  1. Cómo decidir en un buffet o fiesta

Como diría Megrette Fletcher: Empieza con empatía. Después enséñale a tu hija a que se cuide a sí misma, especialmente en una situación muy tentadora. “Mira Esperancita cuánta comida deliciosa. Déjame ayudarte a elegir.“

Entonces pueden ir a dar una vuelta por todo el buffett o la fiesta para ver todas las opciones de comida. Cuando hayan visto todo, según la cantidad de hambre que tiene dile que elija una, dos, o tres opciones de lo que más se le antoja comer.

Comer con atención nos permite elegir entre muchas opciones deliciosas, sin tener que restringir ni privarnos de nada. El chiste no es “engañarlos” para que escojan las opciones más saludables. El chiste es que se sientan tranquilos de que pueden elegir lo que más se les antoja sin tener que llenarse demasiado de eso que nunca los dejas comer. Que sepan que pueden disfrutar comida deliciosa y que se podrán detener cuando sientan que ya están satisfechos.

Si tu hija aprende con el tiempo que TODOS los alimentos están permitidos, y que puede comer lo suficiente para sentirse satisfecha, ya la hizo. Su relación con la comida será una de gozo y de disfrute, y su alimentación será variada y saludable.

En esta época de excesos, regálale a tu hija la libertad para elegir y la habilidad de saber que ya es “suficiente”. 


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Escrito por Guadalupe Rozada


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