5 cosas que ayudarán a relajarse hasta a la mujer más apretada

(Publicado originalmente en www.oprah.com/inspiration/How-to-Be-Less-Controlling. Traducido y republicado con permiso de la autora).

Podrías pensar que preocuparte, mantener un control estricto, y resistir al cambio prevendrán el desastre. En realidad, dice Martha Beck, sólo te volverán loca.

Illustration: Davide Bonazzi

Illustration: Davide Bonazzi

Sin ofender, pero probablemente naciste un poco apretada. Como la mayoría de nosotros. Cualquiera que haya cuidado a un recién nacido afligido ha sido testigo de altos niveles de apretamiento: en los puños, la cara, la barriga, las piernas. Si hay algo que los bebés pueden hacer al enfrentar dolor o miedo, es apretar fuerte – y seamos honestos, todos somos bebés con unos cuantos kilómetros más en el odómetro. A veces me pregunto si es que estamos tan atormentados por el trauma del nacimiento que nunca se nos ocurre desapretar. “Ahí estaba yo,” recuerda nuestra mente preverbal, “flotando plácidamente, absolutamente confiada, sin nada que temer – y de pronto ¡bam! Luces brillantes, aire frío y años de pañales.” Décadas después, seguimos dando tumbos con puños cerrados, esperando lo peor.

La ironía es que la mejor forma de manejar la angustia es relajar – literalmente, re-laxar, o “aflojar de nuevo”. Hay una palabra maravillosa en alemán, Losgelassenheit, que describe el movimiento de un caballo cuando se relaja y confía en su jinete de forma tan absoluta que el movimiento de ambos se convierte en un baile placentero y fluido. Podemos apretar para lograr una vida adecuada, pero sólo Losgelassenheit produce algo grandioso. Vivir plenamente requiere regresar hacia la soltura que antecede a nuestro primer aliento, hacia una despreocupada confianza de que estamos siendo sostenidos por un universo que no tiene interés en dañarnos, solo en enseñarnos a bailar.

Mi forma favorita de entrenar a mis clientes (y a mí misma) en este proceso es primero tratar de relajar de formas específicas y limitadas y luego ver si a esto le sigue el desastre. Si lo hace, siempre podemos volver a apretar. Pero si no ocurre nada terrible, podemos encontrar el valor de relajar un poco más, y luego otro poco más, hasta llegar a Losgelassenheit. Aquí está mi lista de tareas para aflojar.

  1. Relaja Tu Necesidad de Relajar

Hace mucho tiempo, en una reunión de la clase de gimnasia infantil de mi hija, escuché a la mamá de otra niña de 6 años susurrar en el oído de su hija, “¡Maldita sea, Danielle! ¿Podrías al menos tratar de relajarte?” Dudo que la pobre Danielle haya tenido un momento de relajación antes o después de eso, por más que se esforzara. El problema con tratar de relajarse, por supuesto, es que es paradójico: en el momento que empiezas a tratar, no te estás relajando.

Para lidiar con este dilema, empieza por aflojar tu necesidad de aflojar. En este momento, nota el nivel de tensión en tu cuerpo. Mira si tu respiración está contraída, si los músculos de tu cara están apretados, si tu estómago está agitado. A continuación revisa tu estado mental: ¿estás perfectamente en calma y paz, o plagada por el miedo o el estrés? Lo que sea que descubras, respira profundo y… no relajes. Para nada. Dite a tí misma que está bien estar así de tensa como estás. Solo siente lo que sea que estás sintiendo.

¿No es eso un alivio?

  1. Relaja Tu Atención

Una vez que hayas logrado deslizarte más allá de la barrera de tratar, la siguiente cosa fundamental que hay que relajar es tu atención. Esto es lo contrario de lo que te enseñaron de niña, cuando los adultos te dijeron que te concentraras en una sola cosa – en un maestro, en un aburridísimo libro de texto – ignorando todo lo demás. Pero los investigadores han descubierto que este tipo de enfoque apretado puede prevenir activamente la relajación.

Así que desecha esa idea. En vez de eso, mira hacia el frente y encuentra algo que pueda ser el centro de tu campo visual – una flor, la llama de una vela, una mancha en la pared. Después, sin quitar los ojos del objeto, amplía el enfoque de tu atención para que no solo incluya el objeto sino también todo lo que esté en tu campo visual, desde el centro hasta los bordes externos. Piensa que el objeto es lo importante y todo lo demás no es importante. Después (y aquí es donde las cosas seguramente se diferencían de tu práctica habitual) haz que todo ello – todo lo que ves – sea igualmente importante. De arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, todo igual de esencial.

¿Probaste hacerlo? Si lo hiciste, tal vez notaste que mientras se abría tu atención, también lo hacían tu mente y tu cuerpo. Tal vez tus músculos se volvieron más suaves, más elásticos. Tal vez olvidaste preocuparte. Tal vez ni siquiera puedes recordar qué pasó porque, por un momento, no estabas pensando. Contrario a lo que se suele pensar, este no-pensamiento suave y sin preocupaciones, es la sensación de estar alerta y perceptivo. Trata de relajar tu enfoque en diferentes situaciones: mientras cocinas o limpias, tal vez. Si se te empieza a quemar la cena o accidentalmente bebes cloro, simplemente detente. Regresa a apretar la atención. ¡Al menos lo intentaste!

  1. Relaja hacia Lo Que Sea Que Pase.

La periodista del siglo XIX Margaret Fuller alguna vez proclamó, “Acepto al universo”. A lo que el ensayista Thomas Carlyle respondió, “¡Caramba! ¡Más le vale!” Tom tenía un buen punto. Luchar contra la realidad es un trabajo agotador e incesante con resultados profundamente decepcionantes. He trabajado con innumerables clientes que estaban perpetuamente en lucha abierta con los hechos más simples de su vida. Si tú eres como ellos, trata de relajarte a lo que sea que esté pasando. Y mejor que lo hagas ¿no? Lo que sea que existe en este momento está fuera de tu control, así que en este momento (y dentro de un minuto, y dentro de una hora y así sucesivamente) déjalo ser. Durante el tiempo que tardes en terminar de leer el resto de esta columna, deja de tratar de cambiar las cosas. Siente cuánta energía llena ese espacio aflojado.

  1. Relaja los Estándares que Nunca Podrás Alcanzar

Una de las razones por las que muchos de nosotros nos resistimos a nuestra situación actual es porque no cumple con nuestras propias expectativas. “Esto no está bien”, pensamos. “No debería ser una oficinista divorciada, ansiosa y envejecida con manchas de vino en la blusa. Debería ser un acaudalado ejemplo de perfección, avanzada espiritualmente y al mismo tiempo físicamente deseable.” Suerte con eso.

Por alguna razón – imágenes mediáticas, evaluaciones estandarizadas, nuestros padres, una combinación de lo anterior – casi todos nuestros queridos estándares de excelencia son metas que no podemos lograr, mucho menos sostener. Esforzarte por conseguir los adornos de la felicidad te está alejando cada vez más de la verdadera felicidad.

Observa a tus familiares, a una docena de personas con las que te cruzas en la calle, la gente que deambula en este momento por el área de comida rápida del centro comercial. ¿Cuántos de ellos crees que cumplen con los estándares que quisieras alcanzar? Eso pensé. Ahora trata de relajar tus estándares al punto que todas esas personas sean lo suficientemente buenas – para existir, sentir, merecer compasión. Imagina poner tus estándares tan abajo que todos los seres con los que te encuentres sean lo suficientemente buenos. Si hicieras esto para contigo misma ¿tu vida se iría directo al infierno? Tal vez. O tal vez – quién sabe – tu mundo podría empezar a sentirse un poco más como el paraíso.

  1. Relaja Tu Resistencia a la Incertidumbre

Si supiera que ya intentaste los pequeños experimentos de arriba, estaría muy complacida. Si supiera que los vas a intentar de nuevo mañana, y al día siguiente, y al siguiente, estaría sorprendida. La mayoría de las personas que me piden consejo – y, fíjate, están pagando por ello – parecen considerarlo un objeto de contemplación, nunca una herramienta para ser usada.

Pienso que eso sucede porque hacer algo que no nos es familiar nos obliga a enfrentar la incertidumbre inherente a la vida. (Y eso es especialmente cierto para la relajación, con su implícita renuncia a controlar). Cuando nos enfrentamos con lo que no conocemos, tomamos la ruta de Hamlet, decidiendo que “mejor soportar esas enfermedades que tenemos, / En vez de volar hacia aquellas que desconocemos”. Si solo apretamos con suficiente fuerza, dice el niño sacudido por el nacimiento que llevamos dentro, nunca más pasará nada inesperado o desagradable.

Por supuesto, esto solo nos ciega a las oportunidades y aventuras de la vida. Si nunca hubiéramos dejado el útero, nunca hubiéramos experimentado el mundo. Como dice el escritor de temas espirituales Mark Nepo, “Somos las únicas criaturas que buscan garantías, y al hacerlo, extinguimos la chispa que es el descubrimiento”. Relajar nuestra necesidad de certidumbre, nuestra ilusión de que estamos en control, es la única forma de volver a obtener esa chispa.

Así que prueba las ideas de relajación que he descrito y después, cuando estés un poco menos apretada de lo usual, tómate cinco minutos para sentarte en un lugar callado. Con cada exhalación repite mentalmente “Ahora estoy muriendo”. Con cada inhalación piensa, Ahora estoy naciendo. Ambas declaraciones son ciertas. Con cada instante que pasa, la tú presente desaparece hacia el pasado y una nueva tú entra en el mundo. Siente esto por cinco minutos. Muere y nace, muere y nace. Acostúmbrate a eso. Cuando puedas relajarte hacia la muerte y el renacimiento, podrás manejar lo que sea.

Cada momento es una oportunidad para renacer, esta vez sin apretar. Pero eso no es una meta ni una virtud – si lo pensamos de esta forma nunca nos relajaremos. Volver a aflojar es simplemente una manera de sentirse mejor, ahora mismo, por su propio bien.

Una vez que dejamos de ejercer un esfuerzo intenso, escogiendo en cambio suavizar nuestra atención, aceptar lo que sea que esté pasando, aflojando nuestros estándares juiciosos y permitiendo que la vida fluya por su camino incierto, nuestra experiencia de la vida gradualmente se vuelve a aflojar, pasando de atemorizante y dolorosa a interesante. Los poderes que nos dan forma resultan no ser monstruos castigadores y condenadores, sino fuerzas que nos enseñan Losgelassenheit, mostrándonos lo jubilosa, agraciada y encantadora que puede ser la vida.

El último libro de Martha Beck es The Martha Beck Collection: Essays for Creating Your Right Life, Volume One.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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