Las dietas

Cuando empecé a estudiar nutrición soñaba con “hacer dietas”. Después de varios semestres, finalmente llegó el momento de calcular calorías y transformar eso en cantidad de comida. Quería hacer dietas y contar tortillas toda mi vida. Tan pronto como pude, empecé a dar consulta. “Mire, es muy fácil, usted tiene 5 panes o tortillas al día, cómaselas cuando quiera. Pero no puede comer más ¿eh?”. Sí… claro.

Dos semanas después: “¿Cómo le fue?” La respuesta solía ser mal, en varias modalidades. A algunos les faltaron tortillas, otros tuvieron una fiesta, o se les perdió el papelito con la dieta, otro tenía mucha hambre, o no comió tortilla pero se acabó el bote de helado, etc. Yo pensaba que era mi culpa por no explicarlo bien. Simplifiqué mi sistema pero seguíamos igual. Después empecé a culpar a los clientes: o están distraídos, o no tienen ganas de bajar de peso, o no están motivados, o su enfermedad no les importa, o les da flojera, etc. Pero entre más gente veía más claro resultaba que no importaba cómo lo explicara ni qué tan motivados estuvieran. Al final, simplemente, hacer dieta no sirve de nada.

¿A qué me refiero? Una dieta es un cambio drástico y temporal de nuestros hábitos de alimentación; y aunque tenga resultados a corto plazo, los mismos se anularán si no hay un cambio profundo y permanente. Como muchos estudios científicos lo han demostrado en los últimos años, el 95% de las dietas no funcionan. Si se bajó de peso, se recupera lo bajado y muchas veces hasta más (el famoso rebote). Si se controló la glucosa o los lípidos en sangre, estos regresan. Todo vuelve. ¡Qué horror! Todas estas personas matándose cada año en enero, muertos de hambre y llenos de culpa, para que en unos cuantos meses todos esos kilos bajados regresen.

¿Por qué pasa esto? Muy sencillo. Pongamos un ejemplo para ilustrar.

Imagina que te invitan a jugar un partido de basket la próxima semana con alguien a quien quieres impresionar. Quieres quedar bien, pero no has hecho ejercicio en los últimos 15 años (y eso contando como ejercicio cuando bailabas en las bodas; si eso no cuenta, entonces llevas más tiempo).

Objetivo: adquirir condición física urgente.

Plan: salir a correr 10kms diario desde hoy hasta el día del partido. Sí puedo. Sólo son 10 días.

Resultado: dolor y sufrimiento. No pudiste correr más de 2kms, te lastimaste las rodillas, al cuarto día tiraste la toalla y el día del partido te tuviste que salir a la mitad porque sentías que te desmayabas. Era obvio pero no lo querías ver. La condición física se adquiere despacio y en un lapso de meses o años, requiere constante mantenimiento y se vuelve un hábito.

Con la comida es igual. Cualquier intento, si no implica un cambio lento, constante y permanente, no funciona. Sí, ¡cualquiera! No te dejes engañar por la verdura de moda, el jugo detox mágico, el reto increíble de dos semanas o la dieta del virreinato. ¡Cualquier intento de ese tipo no funciona! ¿Cuántas dietas nuevas necesitas hacer para darte cuenta? ¿Cuántos alimentos tendrás que poner en la lista de prohibidos para cansarte de vivir así? ¿Cuántos días de frustración vas a aguantar antes de decidirte a hacer un cambio verdadero?

Vivir feliz, con un estómago contento y un corazón en paz. Déjame ayudarte a descubrir que tú tienes las respuestas. Con una alimentación plena.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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