Los hábitos que descubrí por andar de chismosa

Habito celularEsta semana tenía unos minutos “libres” y me pareció importantísimo revisar las fotos de mis contactos de Whatsapp. Luego la gente cambia sus fotos y ¡no me avisa! Tienes razón, estaba yo de chismosa. Me encontré la foto de una amiga cargando a su niño, que estaba comiendo lo que nuestra generación llamaría “comida chatarra”. ¡Me asusté! Lo primero que pensé fue que yo no pondría esa foto (“¡qué va a decir la gente!”). Después dediqué el resto de mis minutos chismosos a chismearme a mí misma. ¿Qué estaba pasando en mi mente en ese momento?

  • Primero apareció mi voz Criticona: “¡Qué bárbara! ¿Cómo deja que su hijo coma eso?”
  • Luego salió mi voz Atenta, esa que (¡gracias al cielo!) dirige Alimentación Plena: “¿De qué hablas loca? ¿No se supone que nuestra filosofía es que todos los alimentos están permitidos?”
  • Criticona: “Bueno, sí… pero en secreto. Hubiera escondido la bolsita para la foto.”
  • Atenta: “Justo ese es el problema. Todos los alimentos están permitidos, siempre. Incluso están permitidos para salir en las fotos. La mentalidad hipócrita que autoriza que comamos de todo pero a escondidas es la causa de nuestros problemas.”
  • Criticona: silencio.

Sabía que Atenta tenía razón. Mi hábito de calificar algunos alimentos es tan fuerte que tomará tiempo irlo desarmando. Lo bueno es que ya empecé. Imagínate, yo que escribo, hablo y pienso en esto todo el día, todavía tengo el chip “clásico”, esa idea de que hay buenos y malos, de que hay premios y castigos, comer y restringir. Me imagino que si tú has tratado de ir cambiando tus hábitos, también te estará costando trabajo.

Pero no temas, yo te puedo ayudar. En mi taller Alimentación Plena en Familia (por cierto, están abiertas las inscripciones) revisamos todo el proceso de formación de hábitos a detalle. Me he dado cuenta que muchas veces creemos que las cosas ya son así y no hay poder humano que las cambie. Si estás pensando en las canas o las arrugas, estoy de acuerdo; tal vez las podremos intentar disfrazar pero una vez que llegaron ya no se van a ir. Pero los hábitos, estas las acciones que repetimos en automático, siempre se pueden modificar.

Te doy unos ejemplos de hábitos a ver si reconoces alguno (me voy a ventanear aquí para no creas que sólo a ti te pasa):

  • Tengo 30 segundos “libres” (alto en el semáforo, algo se está calentando en el microondas, la Burbuja fue a su cuarto a traer algo) y reviso instintivamente el celular.
  • Veo un niño o niña comiendo algún producto empacado y la Criticona empieza a opinar.
  • Me pongo crema en la cara siempre de la misma manera, me lavo los dientes empezando por el mismo lugar, el desodorante, los zapatos…
  • Me subo al coche y de inmediato quiero prender el radio.
  • Cuando me siento cansada o triste siempre se me antojan las mismas cosas, cuando me siento nerviosa se me antojan otras cosas, cuando estoy tranquila y en paz no tengo antojos.
  • Si me siento a ver la tele me pongo a pensar qué podría comerme en ese momento.
  • Si voy al cine quiero comprar palomitas, no importa si tengo hambre o no.

Los hábitos son acciones que hemos repetido tantas veces que nuestro cerebro ya las tiene bien aprendidas. Cada vez que hay algo en el ambiente que nos recuerda esa acción (un disparador), la repetimos sin pensarlo. En muchas cosas, los hábitos son súper útiles: podemos realizar muchas de las acciones diarias sin tener que concentrarnos mucho, como bañarnos, lavarnos los dientes o vestirnos. En otras cosas, los hábitos nos quitan placer (como masticar la comida en automático sin saborearla) o nos hacen más infelices (como mi Criticona, que siempre que se aparece me deja sintiéndome mal).

Todos los hábitos son modificables, todos. Muchos de nuestros hábitos los aprendimos de niños, pero los hemos ido cambiando ligeramente con el tiempo. Tal vez te lavas los dientes desde que tenías 2 años pero ahora lo haces de otra manera. Tal vez te comes todo lo que hay en tu plato pero ahora empiezas a darte cuenta, o a servirte un poco menos para no quedar tan llena/o. Tal vez te siguen asustando los relámpagos pero ahora puedes calmarte tú misma/o más fácilmente. Saber que todos los hábitos se pueden cambiar es una gran noticia ¿no? No tienes que creer que siempre hay que cenar frente a la tele porque “ya nos acostumbramos”. No tienes que creer que no puedes comerte una quesadilla sin salsa aunque tengas gastritis. No tienes que creer que si abres una bolsa de algo te la tienes que terminar. Todo son hábitos. Todos se pueden cambiar.

Vente al taller Alimentación Plena en Familia para descubrir el mecanismo de los hábitos y aprender a cambiarlos. O suscríbete a mi boletín semanal, en donde comparto más tips, páginas para seguir leyendo del tema de la semana y promociones para los Talleres.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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