¿Qué aprenden los niños cuando tú estás a dieta?

Mi esposo fue a la escuela a recoger a la Burbuja hace unos días y le tocó escuchar esta conversación entre una amiguita y su abuelo.

  • ¿Cómo te fue hoy? ¿Qué hubo de lunch?
  • Bien. Hubo – pausa para recordar- pasta.
  • Mmm, si comes mucha pasta te vas a poner gorda.

¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿En serio??????!!!!!!

A los 3 años esa niña ya recibió 3 mensajes que pueden cambiar el curso de su vida: engordar es malo, hay alimentos que engordan y tú puedes controlar el tamaño de tu cuerpo si limitas esos alimentos.

Todos aprendimos de chicos y seguimos creyendo de adultos que este mito es cierto:

  • ser delgada(o) es estar sana(o)
  • sólo los cuerpos delgados son bellos
  • yo puedo controlar y cambiar la forma de mi cuerpo, siempre y cuando me esfuerce lo suficiente.

Este mito está en todos nosotros. Tal vez decimos que no, pero lo hemos escuchado tantas veces y desde hace tantos años, que es parte de nuestra manera de ver el mundo. Si no me crees imagina a una mujer muy gorda en bikini en la playa. ¿Qué pensaste? Si pensaste: “normal, una mujer en bikini en la playa”, ¡Felicidades, te invito a trabajar conmigo! Si pensaste cualquier otra cosa, tus ojos tienen Dietitis.

La ciencia ya confirmó que este mito es una mentira. Ser delgada(o) no es equivalente a estar sana(o). No tenemos mucho control en el tamaño y forma de nuestro cuerpo, ya que depende en gran parte de nuestros genes. Y lo más alarmante, el 95% de las veces las dietas fallan, y fallan monumentalmente:

  1. Si te pones a dieta, en 5 años tendrás más peso que si no te hubieras puesto a dieta.
  2. Si te pones a dieta tienes un mayor riesgo desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia, trastorno por atracón), depresión, ansiedad, Síndrome de Dietas Crónicas, alteración de la memoria, mayor probabilidad de enfermar y/o morir, alteración en la imagen corporal y estigma relacionado con el peso.

¡Maravilloso ¿no crees?! Como si te hubieras tomado una aspirina para el dolor de cabeza y te hubiera salido sarpullido en todo el cuerpo, una úlcera, se te cayeron los dientes y no te acuerdas ni de tu nombre. Algo así…

Ponerse a dieta no sirve en el 95% de los casos y tiene unas secuelas gravísimas. Un precio CARÍSIMO por una promesa que no se cumple, ¿no crees?

Así que regreso a mi historia del principio. Una niña de 3 años que ya empieza a creer que engordar es terrible, y que ella lo puede evitar “si tan solo” deja de comer esos alimentos malvados. ¿Cómo crees que será la relación de esta niña con su cuerpo y con su alimentación de ahora en adelante?

¿Y a ti qué te dijeron de chica(o)? Cierra los ojos un momento y trata de acordarte de tu infancia. Trae a tu mente la casa en la que vivías, la mesa o el lugar en donde te daban de comer y la persona que te cuidaba. Trata de recordar qué era lo que más te daban de comer, y si te gustaba o no. Acuérdate si había algo que te gustaba mucho pero que estaba prohibido, o si había algo que te daban de premio al terminarte lo demás. También acuérdate si había comentarios o críticas sobre tu cuerpo o el cuerpo de alguien más de la familia.

Ahora piensa cuántos de esos comentarios se han quedado contigo hasta el día de hoy. ¿Esas ideas, críticas u opiniones te han servido de algo? ¿Te han hecho una mejor persona? ¿Te han permitido ser feliz y cumplir tus metas? ¿O te han entristecido, debilitado y lastimado?

¿Qué tal sería que ninguna(o) de nosotros hubiera crecido con estos límites?

  • Que el día de hoy estuvieras feliz con tu cuerpo, segura(o) que todos los cuerpos son valiosos, que no hay que tapar, esconder ni disimular nada, que todas las personas son dignas de amor, de aceptación, de un buen trato y hasta de un buen trabajo independientemente de su talla…
  • Que comer es un placer y que jamás hay que sentirse culpables por hacerlo, que cuando el cuerpo tiene hambre hay que alimentarlo y cuando está satisfecho hay que parar, que la comida no es un premio ni un castigo sino una manera de mantenernos vivos, con energía y sanos…

Este es mi sueño. Que los niños de ahora puedan crecer creyendo no hay nada malo con su cuerpo. Que puedan disfrutar su comida y su vida. Y que puedan tener una mejor salud física y mental que la que tenemos nosotros.

Así que te invito con todo mi corazón a que revises tu historia y tu vocabulario. Si tienes hijos o convives con niños de manera constante, te invito dos veces más.

Los niños aprenden lo que nosotros hacemos, aunque nuestras palabras digan lo contrario.

¿Qué palabras usas para referirte a ti o a otras personas de cuerpo grande? ¿Qué dices cuando te comiste algo que crees que engorda? ¿Qué dices cuando comiste demasiado? ¿Qué dices cuando alguien se puso a dieta o bajó de peso?

¿Qué mitos le estás compartiendo a tu niña(o) sobre su cuerpo, su apariencia, su manera de comer? ¿En qué club la(o) acabas de inscribir: “Rechazo al Cuerpo y Dieta”  o “Aceptación y Disfrute”?

Si te gusta mi sueño y quieres enseñarle a tus hijos otra manera de ver el mundo, te invito a mi Taller Alimentación Plena en Familia. Aquí podrás descubrir qué historias te contaron, por qué no son ciertas y cómo enseñarle a tus hijos un modo distinto de comer, más sano, más relajado y mucho más feliz.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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