¿Qué pensamientos desayunaste hoy?

pensamientos-despertar¿Ya amaneció? ¿Qué hora es? – Reviso mi teléfono y me doy cuenta que ya casi sonará el despertador. – Grrrr qué flojera. – Reviso lo que llegó a mi teléfono en la noche, nada importante. Mi mente ya se aceleró porque tengo que terminar algunas cosas que he pospuesto. Noto que un pensamiento atraviesa mi mente– qué desordenada, tenías que haber terminado el viernes y preferiste sentarte a leer. Así nunca vas a terminar.–

Me levanto de la cama. Mi mente está criticona. Me doy cuenta pero no hago nada por sacarla de la rumiación. Poco a poco va encontrando otras razones para seguir criticando y hablando sin control: se está terminando el jabón en la regadera, mis uñas están muy despintadas, ya se hizo tarde, no tengo nada para ponerme hoy…

Llevo 30 minutos de este día maravilloso sin darme cuenta de lo afortunada que soy. No he visto el cielo, no he agradecido estar viva, no aprecié mi closet ordenado, no he sonreído al verme al espejo. Nada. 30 minutos refunfuñando, desperdiciados, dándole de comer a mi cabeza basura, críticas inservibles y dañinas.

Y aparece en escena la maestra zen, siempre tan atinada: “mamá, ponte contenta.” Claro, ella amanece feliz, es un día nuevo y ya disfrutó las burbujas del shampu, su toalla suave, sus calcetines de colores, saludar a papi… ella lleva 30 minutos sonriendo. Es fácil darse cuenta cuando alguien al lado no está en esa sintonía. Así que, sencillamente, me recuerda. Alto mamá, ponte contenta.

Yo sé que lo digo sin parar, pero los niños son unos sabios en cuerpo chiquito.

Decido seguir su instrucción un poco a fuerzas. Le digo que ya estoy contenta y hago una sonrisa falsa. (Por algún lado hay que empezar). Me siento a desayunar un poco más atenta. Empiezo a ver cómo mi atención al momento presente permite que el cuerpo se vaya relajando y siento como si la nube que venía cargando se empezara  a esfumar. Ahora empiezo a sentir una luz tibia en mi interior, como si un pedacito de sol sonriera desde adentro. En este estado feliz puedo conectarme mejor con el mundo.

desayuno felizDesayunamos sonriendo, disfrutando y viviendo cada instante como algo nuevo y especial. La mente volvió a conectarse al momento presente y permitió que mi cuerpo disfrutara.

A mi me gusta pensar que los pensamientos son parte de mi alimentación. Hay algunos que son muy nutritivos, me hacen sentir fuerte y feliz. Hay otros que me enferman, que me lastiman y que me meten en problemas.

Hoy empecé el día alimentándome de críticas y de prisa. En este estado cualquier alimento me va a saber mal, no lo voy a disfrutar, lo masticaré y tragaré rápido y perderé la oportunidad de invitar a todos mis sentidos. Cuando estoy así, pierdo la oportunidad de nutrirme por completo.

Y como la ciencia ya lo demostró, la mente afecta la manera en que nuestro cuerpo funciona. No sólo de maneras evidentes, como sentir el cuerpo tenso cuando la mente está tensa, sino también de maneras más sutiles, como modificar la manera en que digerimos la comida y hasta la manera en que nuestros genes funcionan.

Así que cuidar la dieta de pensamientos también es muy importante. Una mente enferma de Dietitis te puede hacer la vida miserable. Hay que evitar que se enferme y contagie a todos a nuestro alrededor.

Para esto te propongo unos pensamientos felices y deliciosos para esta semana:

  1. Al despertar voy a sonreír y darme cuenta que estoy viva. Dejaré que este pensamiento permee mi corazón y mi cuerpo hasta que sienta que cada una de mis células está sonriendo. Sólo entonces empezaré el día.
  2. Al verme al espejo también voy a sonreír. No importa lo que la mente piense, voy a distraerla con una sonrisa nutritiva.
  3. Al acostarme en la cama voy a dar gracias por una cosa de mi día (y se vale sonreír).

 

Cuéntame, ¿cómo te fue con tu alimentación mental? ¿Cómo se siente tu cuerpo con esta nueva dieta de pensamientos felices?

 


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Escrito por Guadalupe Rozada


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