Tu identidad antes y después del puerperio

puerperioLo más difícil de convertirme en mamá fue soltar mi identidad: esa persona que pensaba de cierta manera, se vestía, hablaba y deseaba ciertas cosas, esa idea tan fija que tenía de quien soy… Esa persona desapareció en el puerperio.

Las primeras semanas (o meses, o años) que a todas las mamás primerizas nos parecen muy difíciles son la lucha de nuestra identidad tratando de permanecer mientras nos adentramos en el mar del puerperio, con su propio ritmo y su propia lógica.

Dice Laura Gutman: “(…) toda madre reciente se siente perdida, a pesar de todas las “preparaciones” que haya dispuesto para el embarazo, el parto y el puerperio. Aun si ha leído los libros correspondientes, ha practicado yoga con suficiente disciplina, ha meditado cada mañana y ha dispuesto un cuarto primoroso para el bebé tan deseado, toda previsión se desvanece ante la estruendosa zambullida en las aguas puerperales, que son oscuras e invisibles al mismo tiempo.”

Antes de parir todas dormíamos (bien o mal) cierto número de horas, nos bañábamos en las mañanas en tantos minutos, comíamos a tal hora, tal vez teníamos una rutina diaria de trabajo, de ejercicio o de ver a nuestras amistades. En cuanto nace el bebé este control de nuestro tiempo, de la rutina y de nuestras “capacidades” se ve diluido.

Al principio parece chistoso, ya nos habían advertido y estamos preparadas. La primera semana es un desastre pero en la segunda, por un instante, nos parece que estamos empezando a tomar control de las cosas. Nos sentimos orgullosas y pensamos que no estuvo tan difícil. Pensamos en ponerle una rutina al bebé, salir a tomar un café, retomar las clases de yoga, y ser nosotras mismas de nuevo – pero con un bebé.

Sorpresa. Muy pronto descubrimos que así no funcionan las cosas. Los bebés cambian por minuto. Lo que creíamos “solucionado” se desarma, lo que creíamos acomodado se desacomoda, la rutina se mueve, los horarios de dormir y comer se ajustan y toda sensación de control desaparece.

Fue en este punto en que yo pensé que iba a enloquecer. Sentí que mi “yo organizada, puntual y práctica” desaparecía y no la podía encontrar. Me di cuenta que tenía dos opciones: seguir peleando e intentando que la bebé y la maternidad “se adaptaran” a la idea que tenía de cómo debería ser, o soltar.

Claro que “soltar” parece la respuesta más fácil y obvia, pero es el paso más difícil de la maternidad. No son las horas sin dormir, un bebé que llora sin fin o la soledad. Soltar es lo más difícil. ¿Sabes por qué?

Porque en cuanto sueltas, te das cuenta que todo eso que te preocupaba no es tan importante y nada es para siempre.

Te das cuenta que no pasa nada si no duermes 8 horas de corrido, un bebé que llora dejará de llorar y no pasa nada si tienes que cambiar tus planes. Empiezas a soltar las expectativas de cómo deberían estar ocurriendo las cosas, y empiezas a navegar en el momento presente, aquí y ahora, dejando que las cosas vayan ocurriendo.

Dar este salto es muy fácil de hacer pero da mucho miedo hacerlo. Muchas de mis consultas ocurren en esta etapa: la mamá ya pasó las primeras semanas, ya resolvió las primeras dudas y agarró práctica con el bebé, pero las cosas siguen sintiéndose difíciles. Se siente perdida, confundida, cansada. Me viene a ver porque no sabe bien qué está pasando y a veces no sabe ni cómo expresarlo. Me dice: “no se qué pasa, no se si estoy haciendo algo mal”… Pero sabe que en realidad no está haciendo nada mal. Es solo que las cosas no salen como ella planea. Todavía no se rinde al ritmo y a los tiempos de la maternidad.

Laura Gutman continúa más adelante: “El puerperio es un estado de máxima vulnerabilidad, por ello es imprescindible que las mujeres estemos cuidadas y amparadas por individuos (o familias, grupos o sociedades) que permanezcan en tierra firme.”

No tengas miedo, suéltate. Habemos otras mujeres del otro lado, en tierra firme, sosteniéndote para que puedas navegar el puerperio y salir completa, nueva y más sabia.

Escríbeme, programa una consulta conmigo o conéctate online a la Chorcha, todos los martes de 9:30-10:00am.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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