Voy regresando de dejar a la Burbuja en el colegio. Abro la puerta de mi casa y de inmediato empieza la pelea. Todas mis voces quieren opinar sobre qué hacer primero. La Criticona – Qué bárbara. Mirá qué tiradero. Esto está horrible, aquí está sucio, estás muy despeinada, ¿ya viste que fulanita corre maratones y tú no?, ¿no ibas a regar las flores?… – La Perfeccionista – Si te levantas más temprano, seguro te da tiempo de recoger y lavar todo antes de irte. – La Sargento – ¡Las toallas a secar! ¡Haz la cama! ¡Lávate los dientes! ¡Acomoda tu closet! ¡La tintorería hoy! – La Acelerada – ¡Ya es tardísimo! Y hoy tienes que meditar, dar consulta, escribir el post de la semana, ir por la Burbuja a la escuela, hacer los impuestos del mes, pintarte las uñas, y si te da tiempo, ir al super. Tic tac tic tac. – La Atarantada–¡Es demasiado! ¿Qué hago primero? ¿Qué es lo más urgente? No me va a dar tiempo de todo… ¡aaaahhhh!!!! – Shhhhhh… El tono mala onda de mis voces de lunes es impresionante. Ya las conozco. Se ponen muy locas y si no me cuido, son capaces de ponerme de malas muy rápido. Antes les echaba a la Griticona (Gritona + Criticona) – ¡¡¡Ya cáaaaallense!!!! ¡No puede ser que las sigas dejando hablar! ¡¿No que llevas muchos años meditando?! ¡Ya deberías haberlas desaparecido! ¡Deberías sentirte bien contigo misma, dejar de criticarte, estar en un estado constante de paz y tal vez levitar! Ya sabes… Obviamente me sentía peor. Las otras voces se callaban, pero yo me quedaba congelada después de la auto-regañiza. Me sentaba a sentirme miserable,  y probablemente me ponía a leer, ver las redes sociales y/o comer para calmar la sensación de fracaso. Desde muy chica aprendí que, para motivarme adecuadamente, debía ser una maldita conmigo misma, una mala onda. Lo que valía la pena debía lograrse con sangre. Siempre fui una matada porque pensaba que esta era la única manera. Pero por dentro me sentía fatal. Es desgastante vivir en el auto-maltrato. Nunca era suficiente, nunca me daba chance de parar, nunca festejaba cuando hacía algo bien. Siempre tenía los ojos puestos en metas imposibles. Y sentirse fatal todo el tiempo tiene un costo. El cuerpo se enferma, la sonrisa desaparece, el corazón se siente triste y dan ganas de desconectarse de la vida. Con ese dolor constante no iba a llegar muy lejos. Pero descubrí que tenía otra voz. La voz buena onda. La voz sabia. La voz auto-compasiva. Era una voz maravillosa pero nunca la había usado conmigo misma. Sólo la usaba para los demás. La próxima semana te contaré más de esta voz, cómo me di cuenta que la tenía y cómo aprendí a usarla conmigo. Estoy segura que te va a gustar, así que no te pierdas el post. Si aún no lo has hecho, suscríbete a mi boletín electrónico y recíbelo directo en tu e-mail. Y antes de que te vayas, cuéntame si tú también tienes estas voces y qué te dicen a ti. Me encantará saber de ti y compartir la locura.    

11 Comments

  • Lorena Reply

    Soy fan del blog!! En mi caso solo hay voces mala onda, y es un peleadero constante….. pero estoy abriendo mis chakras para escuchar las buena onda

    • Guadalupe Rozada Reply

      Gracias Lorena por tu comentario! A veces parece que sólo tenemos voces mala onda (porque son las más ruidosas), pero te prometo que también tienes una fantástica voz Buena Onda. No te pierdas el post de la próxima semana porque ahí te explicaré cómo encontrarla y usarla. Por lo pronto, observa a las Mala Onda esta semana, hay que conocerlas bien para poderlas transformar. Un abrazo!

  • Luzma Reply

    Pues, caí en las resdes de las mala onda y apenas estoy logrando salir de ellas, je,je,je,je !!!
    Me tiraron fuerte, pero, siempre hay un perito, recordé mi lugar de paz y armonía y creo que ya estoy llegando de nuevo a él.
    Me encanta siempre leerte y compartir. Abrazo fuerte para Ti, la Burbija y el Marido !!!

    • Guadalupe Rozada Reply

      Lo bueno de conocer a estas muchachitas ruidosas es que cada vez nos engañan menos, ¿no crees Luzma? Seguramente nos volverán a arrastrar en el futuro, pero cada vez será más fácil recuperar la armonía. Me encanta cómo lo dices. Abrazo de regreso!

  • Gabriela Reply

    Me sentí totalmente identificada con esas voces mala onda. Todo el tiempo me siento así.

    • Guadalupe Rozada Reply

      Así son estas traviesas, Gaby. Si las dejamos, se adueñan de nuestra paz. Pero no te angusties, con un poco de paciencia y cuidado las podrás ir transformando y dejarán de darte lata.

  • Lakayuyis Reply

    Y siguen siendo las ganonas pesar de todo, pero sabes que, también el aprender a combinarlas puede ayudar, aunque cuando logro dominar una me sale otra más camarona jajaja. Abrazos.

    • Guadalupe Rozada Reply

      Claro lindura, tenemos que darnos cuenta que estas locas tienen un poco de razón y que a veces es bueno escucharlas… pero hay que irles enseñando a que le bajen a volumen. Y eso no se logra “dominándolas” o “controlándolas”, se logra haciéndote su amiga. Tratándolas con todo el cariño que tu voz Buena Onda les pueda dar. Intenta este enfoque y me cuentas cómo te va. Abrazo!!

  • Celia Reply

    Wow pensé que era la única con esas voces merodeando en mi cabeza y todas al mismo tiempo. Me identifiqué en cada cosa!!

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