Cuando tomé mi primer entrenamiento en alimentación con atención plena (mindful eating) ya llevaba varios años de practicar meditación. El Bendito Esposo me regaló el curso de cumpleaños y la idea sonaba fascinante: poder juntar la alimentación con la meditación. La mezcla perfecta para mí. Empezó el curso y en la primer semana ya estaba enamorada. Cada ejercicio y reflexión me sorprendía más. Me di cuenta que aunque había meditado durante varios años, nunca había aterrizado realmente en mi cuerpo. No lo conocía. Así que empecé a conocerlo. Primero empecé a poner atención mientras comía. ¿Qué es esto de aquí? ¿A qué sabe en realidad? ¿Me gusta? ¿Cómo me siento antes de comerlo? ¿Cómo me siento después de comerlo? En estas preguntas fui descubriendo mil cosas. Encontré que hay cosas que no me gustan tanto pero que como (o bebo) porque me dan otro tipo de placer. Encontré que a veces comía sin hambre y otras veces no comía aunque tuviera hambre. Encontré que mi cuerpo disfruta muchas cosas, y que en realidad, cuando estaba conectada y atenta, necesitaba muy poco de cada cosa para sentirme satisfecha.

Empezar a descubrirme a través de la comida cambió mi vida.

¿Alguna vez has notado que una pequeña decisión cambió el rumbo de tu vida? Como si hubieras dado un pequeño pasito en otra dirección y en ese instante no se nota, pero años después te das cuenta lo lejos que estás. Esto ha sido la alimentación plena para mí. Empezó como un regalo de cumpleaños,  un pequeño paso en otra dirección. Ahora, años después, volteo hacia atrás y puedo ver todo lo que ha cambiado. Puedo ver que soy una persona diferente y que esto que he aprendido seguirá conmigo hasta que me muera. Te doy algunos ejemplos:
  • Escucho a mi cuerpo. Se cuando tengo hambre, se cuando tengo sed, se cuando estoy cansada, se cuando estoy estresada. Parece sencillo, pero es una habilidad que casi todos los adultos hemos olvidado.
  • Confío en mi cuerpo. Ya no pierdo el tiempo diciendo “¡no puede ser que esté cansada! ¿Cómo es posible que ya tengo hambre otra vez? No hay ninguna razón para que me sienta así… “. Ya no me peleo con la manera en que mi cuerpo se siente, ya no lo estoy comparando con cómo “creo” que se debería sentir. Simplemente me doy cuenta que así se siente y lo acepto. Confío en su sabiduría
  • Me siento capaz de nutrirme. Después de hacer esto todos los días, me he vuelto muy hábil para identificar qué necesita mi cuerpo. Se cómo se siente mi cuerpo cuando tiene hambre y también se de qué tiene hambre. Se cómo distinguir cuando mi cuerpo tiene hambre, o cuando quiero comer porque me siento ansiosa. Se qué me gusta y me cae bien, se qué me gusta pero no me cae tan bien, y se cuándo comer cada uno.
  • Disfruto relajadamente mis comidas. Soy capaz de bajarle a la velocidad de la comida, tomarme mi tiempo, platicar, re-calentar si hace falta y seguir comiendo con tranquilidad. Mis objetivos a la hora de sentarme a la mesa son: disfrutar y relajarme. Ya es un hábito revisar cuánta hambre tengo, detenerme cuando ya estoy satisfecha, comer más de lo que más necesito, disfrutar cada bocado en mi boca, y hacer todo esto feliz y tranquila.
  • Observo y acepto a mi cuerpo. Al empezar con la alimentación plena tenía muchos hábitos de restricción de mi pasado oscuro de nutrióloga. Poco a poco me di cuenta y empecé a soltar. Dejé que mi cuerpo pidiera lo que necesitaba y se lo di. Desde entonces hasta ahora subí de peso. Ya recorrí el camino desde la negación hasta aceptar que mi cuerpo es más sano y feliz en este peso. Todavía hay días en que la voz Criticona se pone intensa, pero cada vez es más fácil calmarla.

La alimentación plena me ha abierto los ojos para escuchar, nutrir y cuidar a mi cuerpo.

Cada día me siento más tranquila, más contenta, más satisfecha y más sana.

Y claro, también hay días en que no todo es perfecto. Pero también he aprendido que esto es parte de la vida. Además de mi alimentación, ahora uso estas estrategias para equilibrar el descanso, el movimiento, el ruido y hasta las emociones. Como dice ese proverbio: “Dale un pez a un hombre y comerá un día; enséñalo a pescar y comerá siempre” Mi versión es: “Dale una dieta a una persona y comerá una semana; enséñale a escuchar a su cuerpo y se nutrirá siempre”. La próxima semana te platicaré cómo la alimentación plena cambió la manera como vivo las emociones: una parte fundamental en la alimentación. Si quieres empezar a aplicar la alimentación plena en tu vida, escríbeme a info@alimentacionplena.com y agendamos una Sesión de Evaluación. Me encantará acompañarte en este maravilloso camino. Si quieres recibir todos mis artículos en tu e-mail, no olvides suscribirte a mi boletín electrónico.

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