Menos complicada y más feliz

Mujer feliz tomando cafeEstoy feliz sentada en un cafecito cerca de mi nuevo departamento escribiendo el post de esta semana. Esta mañana estuve caminando con mi niña, paseando y reconociendo la nueva colonia. Aproveché para buscar un lugar en donde me pudiera sentar tranquilamente a escribir, en donde hubiera buen café  y en  donde no cambiaran la clave del wifi cada media hora (¡como el anterior!). Encontré un lugar lindo, y para mi sorpresa, además de buen café tienen crepas. Éxito. “Familia, nos vemos al rato, voy a trabajar muy seriamente (y a comerme una deliciosa crepa)”.

Llegué y me senté muy seria. Llevo una semana dándole vueltas a un tema que quiero escribir y que es muy delicado. Quiero escribirlo bien. Así que con esa mente seria empecé a escribir. Llevaba unos cuantos minutos atorada en una línea cuando se acercó el joven con un café y mi crepa.

Alto. Suelto el teclado. Viene cargando la crepa en un plato grande, redondo, crepa frambuesatotalmente blanco. La carga con ambas manos como si fuera algo muy delicado que necesita toda su atención. Dobló mi crepa en un triángulo perfecto, le puso 3 frambuesas en una esquina y la espolvoreó con azúcar glas. Me acerca también un cuchillo y un tenedor envueltos en una servilleta blanca. Me parece una grosería seguir trabajando cuando me trajo una obra de arte. Me sonríe muy suave y me dice “espero que la disfrutes”.

Cierro los ojos, le doy la primera probada y noto algo diferente en el sabor. ¿Qué será? Sigo masticando y me doy cuenta que le puso un toque de mermelada de fresa. Termino el bocado y volteo a ver mi pantalla de la computadora: una frase difícil de un tema que resulta muy doloroso para mucha gente. No puedo combinar esas líneas con esta crepa.

Así que decido disfrutar esta tarde tan lluviosa con unas palabras dulces y suaves, justo como mi crepa. Abrí un documento nuevo y me puse a escribir de este momento. “No todo en la vida tiene que ser difícil, no todo tiene que ser perfecto” – le dice mi voz amable a mi voz perfeccionista. “No pasa nada si hoy escribo algo sencillo y cotidiano, como una crepa con mermelada de fresa. Otro día escribiré sobre eso… ¡Ay mira, la frambuesa pintó la crepa de rojo, qué lindo!”.

Y así, con crepa en mi boca, música en mis oídos y amabilidad en la yema de mis dedos, cierro este post con una dedicatoria para ti:

Que te puedas dar unos minutos hoy a disfrutar un momento sencillo, sin necesitar más. Que tu cuerpo y tu corazón se sientan satisfechos. Que una sonrisa surja al darte cuenta de lo poco que necesitas para sentirte feliz.


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Escrito por Guadalupe Rozada


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