¿Muchos problemas con tu bebé? Tal vez estás cometiendo este super común error.

bebé sorprendidoCuando me convertí en mamá me llevé la sorpresa más grande de mi vida. Pensé que iba a ser una cosa simple. ¿Qué tan complicado podría ser cambiar pañales, bañar o lactar a un bebé? Todo el mundo lo hace ¿no? Yo me sentía confiada, después de todo, cada proyecto nuevo que había emprendido en mi vida me había salido bien. ¡Ja! Un bebé, ¡por favor!

Y nació mi niña. Me la acercaron recién nacida, la cargué, la besé, y me di cuenta que estaba perdidamente enamorada. Era la cosa más preciosa que había visto en mi vida. Todo iba a salir de maravilla.

Y después llegaron las primeras semanas de su vida. Todo lo que parecía simple no lo era tanto. Las cosas que deberían funcionar no funcionaban. Ella lloraba y yo no sabía cómo calmarla. Tampoco sabía por qué no se dormía en su preciosísima cuna y por qué me dolía tanto darle de comer.

Me di cuenta que no sabía nada. Había leído mucho pero no sabía nada.

Todo el mundo me quería decir cómo hacerle. Todo el mundo sabía mejor que yo. Y yo veía que no era cierto. Ya había intentado todo eso y no funcionaba.

¿Sabes cuál era el problema? Intervenía demasiado. Quería controlar, cambiar, o hacer que mi bebé hiciera lo que yo quería. Y ella no me estaba haciendo caso.

¿Quieres que te diga honestamente por qué intervenía tanto? Porque no confiaba en que las cosas podían resolverse de manera natural. No creía que ella pudiera saber solita a qué hora dormir y a qué hora despertar, cuánto comer o cuánta compañía necesitaba. ¿Y yo de dónde me había sacado todas estas reglas? Del mundo alrededor de mí. Si a mí me habían educado así, si todo el mundo lo hacía así, tal vez así había que hacerlo.

Nuestra cultura dice que hay que intervenir para que “las cosas salgan mejor”. Y nosotros pensamos que es lo correcto sin cuestionarnos nada. ¿Y qué pasa? Tenemos muchos problemas. Aquí te pongo algunos ejemplos a ver si alguno te suena:

  • parto intervenidoEl parto: Es raro un parto en donde todo ocurra naturalmente, sin que la mamá y/o el personal de salud quieran e intenten que ocurra de cierta manera (antes, después, rápido, lento, sin dolor, con dolor, en agua, acostada, parada, vaginal, cesárea, etc.).

 

  • dolor con lactanciaLa lactancia: (casi) todas las mamás queremos lactar a nuestros bebés. Pero también nos han dicho que debemos dormir toda la noche, dejar al bebé encargado durante horas, producir muchísima leche para congelar, dar a libre demanda pero imponerle un horario y otras muchas cosas que interfieren directamente con la producción de leche y la lactancia.

 

  • obligar a comerLa introducción de otros alimentos: vamos al pediatra y él nos dice que ya toca empezar a darle de comer otras cosas. Además, nos da una lista de alimentos para ir empezando, y si somos suertudas, hasta con tamaño de porciones y horarios! Y empieza otro martirio para la maternidad: asegurarse que el niño se coma TODO lo que el pediatra mandó, a esa hora y en esa cantidad. ¿Y el bebé qué opina? ¿Quiere, no quiere, le gusta, no le gusta? No importa. Él no sabe. Alguien más decidió por él.
  • Baby Crying in the CribLa dormida: queremos lo mejor para nuestros bebés pero los entrenamos (es decir obligamos) a dormir solitos, a la hora que nosotros queremos y donde nosotros decidimos. Ignoramos la enorme evidencia científica que explica el proceso natural del dormir en los bebés y queremos apurarlos en esta etapa tan importante. Intervenimos para que “aprendan” a dormir solos y a reconectar los ciclos del sueño antes del momento en que están listos. Los dejamos llorar solos para que aprendan que nadie vendrá a consolarlos. Y los “expertos” en entrenamiento del sueño dicen que entre más bebés sean, más rápido aprenden. Yo diría que más indefensos están y más rápido se quiebran.
  • control de esfinteresEl control de esfínteres: un día decidimos (nosotros o el personal de la guardería) que ya estuvo bueno de pañales y que es hora de que los dejen. Los obligamos a controlar sus esfínteres antes de que estén listos. Muchos de estos niños logran controlarlos durante el día, pero muchos de ellos se siguen haciendo pipí en la noche durante meses e incluso años.
¿Qué tienen en común todas estas situaciones? Todas estas intervenciones están pensadas por adultos, y en general la motivación es nuestra comodidad. Muchas de ellas van incluso en contra del instinto de la mamá, pero como tanta gente la presiona para que lo haga, acaba cediendo.

Todas estas intervenciones son una falta de respeto a nuestros bebés, sus ciclos, su cuerpo y la confianza que tienen en que nosotros estamos para cuidarlos y protegerlos. No sobra decirlo: todas estas intervenciones los lastiman, no en el cuerpo (que cura rápido), sino en el corazón, que carga con esto durante toda la vida.

¿Y cómo nos convence la cultura? Nos dice que así es lo mejor, que no nos preocupemos, que tiene que aprender, que no se va a acordar de nada. Y nosotras desconfiamos de nuestro instinto y decidimos obedecer las reglas. ¿Por qué? Porque eso aprendimos de bebés: a desconfiar de nuestro cuerpo y a obedecer.

No escribo esto para que te sientas culpable y preocupada si has hecho una o varias de estas intervenciones. Escribo esto para decirte que aún lo puedes cambiar. No puedes borrar los recuerdos que ya pasaron, pero sí puedes crear nuevos, diferentes y mejores.

¿Cómo? Adivinaste. Dejando de intervenir.

Suena fácil ¿verdad? Pero seguro no tienes idea de dónde empezar.

Claro, es normal. Estamos tan atrapadas, convencidas y educadas por esta sociedad que ignora y trata como invisibles a los bebés que no tenemos idea de cómo hacer las cosas de otra forma.

Pues vente a la Chorcha. A partir del 9 de agosto, todos los martes de 9:30-10:00am nos estaremos reuniendo mamás de habla hispana de cualquier lugar del mundo. Es una reunión online, gratuita y relajada en donde estaremos platicando cómo bajarle a las intervenciones y otros miles de temas más.

Sólo tienes que darle click al link que estaré posteando en la página de Alimentación Plena, en Facebook y en Twitter. Conéctate con tu teléfono, Tablet, o computadora. Escucha, participa si tienes ganas, y siéntete acompañada. No estás sola, todas intervenimos. Pero todas podemos dejar de hacerlo.

 

 


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Escrito por Guadalupe Rozada


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